Un tráiler con matrícula californiana es interceptado en Tijuana, México. Iba hacia San Diego, Estados Unidos. En un doble fondo de la caja de carga, la agencia de investigación de la Fiscalía General de la República encuentran 537 kilogramos de metanfetamina y 60 kilogramos de cocaína. El pequeño decomiso es parte de algo mayor. El gabinete de seguridad del Gobierno de México lo ha llamado Operación Frontera Norte. Es la respuesta de la presidenta, Claudia Sheinbaum, a las amenazas de su homólogo estadounidense, Donald Trump, que cree que sus vecinos del sur no cuidan la frontera compartida tan bien como deberían. Comenzó el 5 de febrero con el envío de 10.000 militares y este martes, seis días después, las autoridades han informado de sus primeros resultados, todavía modestos y más centrados en arrestos e incautaciones que en la gestión de la crisis migratoria, de la que solo se ha señalado que las autoridades han instalado 10 centros atención en los que han recibido a más de 1.700 mexicanos deportados para “contribuir a garantizar la reintegración a sus comunidades de origen”.
