
Saber iluminar es todo un arte. Desde tiempos remotos, el hombre ha querido alumbrar su alrededor ya fuera con una antorcha, una lámpara de aceite o la bombilla de Thomas Edison. Pero como sucede en cualquier ámbito donde la funcionalidad se cruza con la estética, no siempre se ha sabido ejecutar con acierto. La prueba definitiva llega cuando nos enfrentamos a la reforma de una nueva vivienda. Lo primero que solemos proyectar sobre papel son los puntos de luz en el techo (bien centrados, a ser posible) y sin escatimar en cantidad por miedo a que una vivienda en semioscuridad resulte poco acogedora.





