Fue como siempre, y también como nunca. El Real Madrid remontó en el 92, algo que suena a viejo, un prodigio cotidiano, pero lo hizo en el Etihad, estadio que aún no había conquistado en juego; el año pasado lo logró en los penaltis. Pero lo que sobre todo fue distinto fue cómo lo hizo, con una autoridad arrolladora que redujo a un City que siempre le había inquietado como un ogro. El Madrid dejó en Mánchester una exhibición construida sobre una escasez extrema por las lesiones con una noche memorable de compromiso y talento de su artillería abrochada por el tercer gol de Bellingham, cabecilla de la presión. Así viajan con ventaja a la vuelta del miércoles en el Bernabéu.
