La autoayuda me pone nerviosa. En sociedades en las que la igualdad de oportunidades parece aún utópica, decirle a alguien “si quieres, puedes” es una estafa. Condenarlo a ir por la vida echando el bofe. También es cierto que, si no te lo curras, difícilmente lloverá café en el campo. Pero existe una distancia entre la responsabilidad y el poder de cada ser humano para transformar su entorno, y esa obcecación que te culpabiliza de tus fracasos y tu malestar obviando la violencia sistémica. Emprendo la lectura de esta novela con prejuicios negativos porque Boyt ha coqueteado con la autoayuda. Sin embargo, Amada y perdida me reafirma en la hipótesis de que, en literatura, no se trata de que una escritora expíe sus demonios a través de una historia edificante en la que, al otro lado, encontraremos redención y bienestar, sino que el asunto es el texto. Las condiciones psicológicas y sociales de una persona son trascendidas para, a través de las palabras, llegar universalmente a otros seres humanos. Se nos meten dentro. Ese tránsito y esa experiencia vital se basan en un uso consciente del lenguaje y los hilos narrativos. Amada y perdida es un precioso ejemplo de ese tránsito y esa conciencia literaria.

Amada y perdida
Susie Boyt
Traducción de Magdalena Palmer
Muñeca infinita, 2024
248 páginas. 20,90 euros
